Sabemos que la fiebre es unos de los signos más fiables de sufrir una infección; la temperatura axilar no debe pasar de 37º y la rectal de 37,5º Centígrados aproximadamente; también se puede tener fiebre no inducida por infecciones, pero es menos frecuente.
La fiebre es un mecanismo defensivo del organismo, inducido por interleukinas o substancias segregadas por macrófagos y linfocitos; la aceleración del corazón acompañante induce un mayor flujo de sangre hacia las zonas infectadas, vehiculando linfocitos, anticuerpos, TNF, etc. que favorecerán la curación del enfermo. También produce un aumento de las molestias en parte por aumento de la presión intracraneal por el mayor flujo de sangre, responsable en parte de la cefalea o dolor de cabeza.
Por ello la supresión de la fiebre en ocasiones beneficia poco al enfermo; en general es aconsejable no intentar bajar la temperatura si está por debajo de 38,5º grados en el recto.
Por supuesto siempre que hay fiebre en niño o adulto, se debe consultar con un médico. La fiebre inducirá una pérdida de peso, ya que las proteínas son derivadas a la fabricación de anticuerpos y a un aumento de la rotura proteica (catabolismo aumentado), además de la supresión del apetito.
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Este es un hecho común cuando se tiene una infección con o sin fiebre; por regla general, hay una supresión del apetito; esto sucede en casi todos los humanos y en casi todas las especies. A primera vista podríamos pensar que como es posible que se haya primado este mecanismo a lo largo de los milenios de evolución, de bloquear el apetito cuando estamos infectados, cuando lo lógico sería que tuviéramos más apetito para poder comer más y vencer antes a la infección. La explicación podría ser debido al incremento de la circulación en la zona esplàcnica, alrededor del intestino, dilatación de las arterias para captar el alimento, quedando menos perfundidas las que rodean a la zona infectada; en caso de ingesta durante una infección, las zonas infectadas quedan con menos aporte sanguíneo a vehiculando menos anticuerpos, linfocitos..Los mamíferos que no poseyeron este mecanismo no han alcanzado el siglo XXI.
La influencia del aumento de interleukinas que bloquean el apetito en caso de infección, ha quedado bien demostrada en trabajos realizados, administrando interleukinas liofilizadas a ratones y grupos de humanos, experimentando ambos grupos una desaparición del apetito sin presentar fiebre, apetito que recobraban de nuevo al suprimir la administración de interleukinas
Posteriormente se estudiaron los mecanismos de bloqueo del apetito por las interleukinas, cuyo esquema expongo a continuación:
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